terça-feira, 4 de novembro de 2014

El espacio y la narración en ¡Diles que no maten!

El relato en tercera persona cuenta la historia de Juvencio Nava, que se encuentra en este momento metido en la cárcel por un crimén que ha cometido cuarenta años antes. Motivado por la sequía que provoca la debilidad de su gado, Juvencio, permite que sus animales invadan las tierras de su compadre Don Lupe Terreros, al fin y al cabo de la pelea, este primero acaba por matar a Don Lupe. Las décadas siguientes él las pasa huindo. Es justamente en la anciandad que es sorprendido y preso. Es desde las suplicas de Juvencio que se desarrolla el relato, su reflexión es justamente en el hecho de que haya huído toda su vida para morir fusilado en este momento. Hay primeramente una súplica dirigida hacia su hijo, quién él pide que interceda él, y después, claro a su propio asesino, el general, que es pues, hijo de su compadre asesinado por él mismo. De esta manera, el titulo del cuento es repetido a lo largo del cuento en distintos momentos, generando una atmósfera agobiante y densa a la vez.
La historia es narrada en tercera persona, pero el punto de vista narrado es el del mismo Juvencio, tanto es que, por veces las voces del narrador y los monólogos del personaje llegan casi que a se confundir.
El espacio está dividido en dos momentos, el primer en la cárcel y después en el pueblo y en las calles por donde pasa rumbo al fusilamento, la descripción del espacio es oscuro y ayuda a sostener y conformar la atmósfera de inconformidad psíquica y emocional del personaje principal.
El desfecho describe el encuentro de Juvencio con el hijo de su compadre muerto, el cual, ocupa ahora una alta posición en las fuerzas bélicas. De certa manera, el defecho representa la actuación de la fuerza del destino sobre Juvencio. 

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