El relato en tercera
persona cuenta la historia de Juvencio Nava, que se encuentra en este momento
metido en la cárcel por un crimén que ha cometido cuarenta años antes. Motivado
por la sequía que provoca la debilidad de su gado, Juvencio, permite que sus
animales invadan las tierras de su compadre Don Lupe Terreros, al fin y al cabo
de la pelea, este primero acaba por matar a Don Lupe. Las décadas siguientes él
las pasa huindo. Es justamente en la anciandad que es sorprendido y preso. Es
desde las suplicas de Juvencio que se desarrolla el relato, su reflexión es
justamente en el hecho de que haya huído toda su vida para morir fusilado en
este momento. Hay primeramente una súplica dirigida hacia su hijo, quién él
pide que interceda él, y después, claro a su propio asesino, el general, que es
pues, hijo de su compadre asesinado por él mismo. De esta manera, el titulo del
cuento es repetido a lo largo del cuento en distintos momentos, generando una
atmósfera agobiante y densa a la vez.
La historia es narrada en tercera persona,
pero el punto de vista narrado es el del mismo Juvencio, tanto es que, por
veces las voces del narrador y los monólogos del personaje llegan casi que a se
confundir.
El espacio está dividido en dos momentos,
el primer en la cárcel y después en el pueblo y en las calles por donde pasa
rumbo al fusilamento, la descripción del espacio es oscuro y ayuda a sostener y
conformar la atmósfera de inconformidad psíquica y emocional del personaje
principal.
El desfecho describe el encuentro de
Juvencio con el hijo de su compadre muerto, el cual, ocupa ahora una alta
posición en las fuerzas bélicas. De certa manera, el defecho representa la
actuación de la fuerza del destino sobre Juvencio.
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